Codicias de poder
octubre 26, 2009

La de Javier Orive es una situación no muy cómoda. Periodista de raza y talento, ostenta la responsabilidad de ser Jefe de Deportes de Radio Murcia Cadena SER. Dirige Ser deportivos Región de Murcia, al mismo tiempo que es el delegado de AS en esa misma comunidad. Un empleado de PRISA por antonomasia, pero crítico —y autocrítico— con todo aquello que acontece al sector empresarial del periodismo español, en el que su grupo editorial tiene mucho que lamentar y lamentarse.
Javier Orive explicó el pasado miércoles la intensa historia de la guerra del fútbol a alumnos de la Universidad Miguel Hernández. Una historia conocida y quizá interminable en la que dos empresas periodísticas —PRISA y Mediapro— luchan por los derechos de retransmisión de partidos de fútbol y por los beneficios que estos generan.
«El término ‘guerra del fútbol’ fue acuñado por Ryszard Kapuściński, a raíz de la Guerra de las 100 horas, iniciada por los hechos derivados de un partido de fútbol que enfrentó a las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, debido a las eliminatorias a la Copa Mundial de Fútbol de 1970», detallaba Orive. Aunque la primera aplicación de esta expresión estallaría con la irrupción de las televisiones privadas en España. «En este momento se abre la criba y las televisiones empiezan a pelear por sus contenidos», destacaba el director de Ser deportivos Región de Murcia.
El primer conflicto relevante lo desencadenaría la absorción de Antena 3 Radio por el grupo editorial PRISA. «Entonces, el fútbol comenzó a ser utilizado como elemento de confrontación», sostenía Orive. Un larga lista de nuevas batallas continuó fluyendo hasta el nacimiento de La Sexta. La retransmisión en abierto de partidos de grandes masas habría la brecha de la no rentabilidad, del suicidio periodístico a cambio de poder. «Como periodistas corremos el riesgo de que no se sepa por qué se ofrecen partidos en abierto y aún esta tendencia continúe», concluyó el avezado comunicador. Pactos y treguas han intentado calmar los ánimos de cara al público en varias ocasiones. Al final todo ha desembocado a una reanudación de codicias de poder, una herida abierta que continúa sangrando en las altas esferas del periodismo nacional.